GUGGENSITO EN TERMINAL SANTORINI PIEZA DE EDER CASTILLO.



En la urbe globalizada, la función primordial del museo es ofrecer una marca visual para que el turista, venga de un remoto país o de la periferia metropolitana, puede aprehender la ciudad como un collage de imágenes congeladas. Los grandes artefactos culturales – museos, monumentos y conmemoraciones – ya no responden tanto a las necesidades de escenificar los mitos fundacionales del Estado y ofrecer espacios de auto-reconocimiento a la burguesía, como a la lógica de explotación económica del parque temático.
El Guggenhein de Bilbao es el paradigma de este nuevo tipo de museo, donde las narrativas sobre la modernidad que se despliegan en sus exposiciones están en realidad subordinadas a esa construcción de un signo visual, que por un lado las engloba, pero por otro las reduce para incorporarlas a una experiencia sintetizada de la ciudad como mercancía de consumo cultural. El impresionante edificio, con sus volúmenes dinámicos y las cubiertas de titanio, suspendido sobre la aguas del Nervión, es un fetiche de sí mismo que ha ido ganando fuerza en la medida en que su imagen se ha repetido hasta la saciedad en los medios de comunicación. Al final, la necesidad de verlo es proporcional a la imposibilidad de no haberlo visto ya.


imagen 1 Museo Guggenheim de Bilbao   http://www.guggenheim-bilbao.es/secciones/el_museo/el_edificio.php
imagen 2 GuggenSITO  Eder  Castillo / 2011 / detalle de intervención en calles del Estado de México

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